"Yo ya no creo en Dios ni quiero ninguna misa, sólo un día al año, muy, muy silenciosamente, como siempre he vivido a tu lado... Ta lo suplico, hazlo, querido... es la primer y última cosa que te pido... te lo agradezco... te quiero... te quiero... adiós."
Las manos temblorosas no le dejaron seguir sosteniendo la carta. La dejó caer.
Era cierto. Él recordaba a esa mujer. No podía dejar de pensar en ello ni quedarse quieto sin hacer nada. Salió disparado de su casa con su criado Johann para ir en busca de esta mujer.
Para saber su paradero fue a preguntar a la floristería de la que hablaba aquella mujer en su carta. Los dueños del negocio tan solo pudieron decirle que hacia más de una semana que no aparecía por allí, incluso habían denunciado su desaparición.
Con muy poca información y la moral bastante baja, subió cabizbajo a su coche donde le esperaba Johann. De pronto,el hijo del matrimonio de la floristería de unos 6 años dio unos suaves golpes al cristal de la ventanilla. Johann bajó la ventanilla extrañado y el niño le dijo:
"Señor no se como se llama la mujer, pero se donde vive."
La dirección que el crío le otorgó era de un piso en un barrio obrero de apariencia muy problemática.
Él, no se lo pensó dos veces subió corriendo las escaleras, pero la casa estaba vacía. Solo estaba el casero, que estaba recogiendo y limpiando la casa para ponerla otra vez en alquiler.
Nervioso, le preguntó por la mujer y este le respondió con una mirada triste:
"Murieron ella y su hijo hace 5 días. El hijo enfermo y ella probablemente de cansancio y tristeza."
Él no podía creerlo. El casero le dijo que estaban enterrados en el cementerio de la ciudad.
Rápidamente fueron a comprobarlo. Cuando llegaron encontraron dos tumbas la de su hijo, y la de su amante desconocida.
En la lapida de la mujer ponía:
"Al que amé hasta el último de mis días, al que amé siendo ni tan siquiera un recuerdo. Te quiero."
Paralizado cayó de rodillas frente la tumba. Entre llantos y sollozos dijo en un susurro:
"Tuviste que morir. Tuviste que morir sin saber que alguna vez te reconocí. Tuviste que morir sin dejarme corresponder tu amor.Cada año, este mismo día, traeré una rosa blanca a esa mujer a la que, maldita sea mi alma, tuve que amar después de muerta."
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